Quizás lo notaste por primera vez en la ducha.
Más pelo acumulado cerca del desagüe. Más hebras en tu toalla. Más roturas en el lavabo del baño después de peinarte.
O quizás ocurrió bajo una iluminación brillante en el techo, cuando tu raya de repente parecía más ancha de lo que recordabas.
Al principio, te dijiste a ti misma que era temporal.
Cambiaste de champú. Probaste acondicionadores, mascarillas, tratamientos para el cuero cabelludo y aceites. Algunos hicieron que tu cabello se sintiera más suave durante unas horas. Otros dejaron tu cuero cabelludo graso, pesado o irritado.
Pero la preocupación nunca desapareció del todo.
Porque lo más difícil del cabello fino y frágil no es simplemente perder hebras.
Es la sensación de que poco a poco estás perdiendo el control.